sábado, 13 de diciembre de 2008

LA PRIMERA I

Era una habitación de tamaño mediano, tenía una forma ligeramente rectangular, con las paredes laterales más largas que las otras dos en las que estaban la puerta de entrada y una ventana que daba a la calle, respectivamente।
Viniendo por el largo y estrecho pasillo de la casa abrías la puerta de aquel cuarto y podías abarcarlo con la vista por completo। Si las cortinas de la ventana estaban descorridas y las persianas subidas podías distraerte viendo la bulliciosa calle en la que se encontraba situada aquella vivienda। Pero si lo que te interesaba era mirar para dentro en vez de para fuera, en ese caso, lo que podías ver era un espacio con el suelo de madera y lleno de muebles viejos।
Una vez que dabas un primer paso descubrías que tu vista no te había engañado, comprobabas que la madera era tan vieja que crujía a cada paso que dabas, era tan vieja como los muebles: una cama de matrimonio, una mesita de noche, un enorme armario y un escritorio con su silla।
Según abrías la puerta del cuarto tenías la mesita de noche y la cama a la izquierda con la cabecera apoyada contra la misma pared de la entrada। A los pies de la misma, pegado a la pared de enfrente estaba el escritorio con su silla orientados de tal manera que se aprovechaba por completo la luz natural que entraba inclinada desde la ventana que estaba un poco más hacia la derecha। El enorme y viejo armario de madera con patas y tres cuerpos ocupaba prácticamente una pared entera, la que quedaba a la derecha de la puerta de acceso।
Haciendo un pequeño ejercicio de imaginación, sin todos aquellos viejos muebles aquella habitación perdía su función de dormitorio y lugar de estudio, pero no se perdía en belleza ya que ninguno estaba para decorar, cada uno era de un diseño independiente, arrancados de los que hubiesen sido sus respectivos conjuntos originales[1].
Si te imaginabas, pues, el cuarto sin aquel mobiliario, descubrías que había más belleza en la combinación que quedaba de suelo de madera vieja, paredes cubiertas de viejo papel con dibujos de flores muy barrocas en tonos marrones y techo blanco। Techo que estaba a una altura normal y con una franja de escayola rodeándolo por completo en sus uniones con las partes altas de las paredes। Y colgada en el centro de todo aquel vacío marrón, una vieja lámpara de cobre de múltiples brazos con bombillas que imitaban las llamas de las velas।
Así era la habitación de al lado a la que tarde o temprano alguien llegaría…

[1] Los conjuntos originales, mejor los dejamos para otro rato.

3 comentarios:

  1. buena descripcion me ha parecido kafkaniano o como se llame, recuerdos

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  2. pues soy ramon de calella, pero la verdad que la descripcion esta muy bien, recuerdos y un beso

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