jueves, 1 de enero de 2009

LA PRIMERA V

Le había venido el cansancio y se había acostado, pero a la hora de haberse dormido, se despertó.

-Otra noche más de insomnio-se dijo para sí misma Nora, mientras se levantaba para coger un libro.

Era el libro que un amigo suyo se había dejado olvidado ese mismo día en su casa, para cuando volviera a verle, pasarían unos días, así que tenía tiempo de sobra para comenzar a leerlo y acabarlo. Irse de casa era el título...
Cuando ya llevaba leídos dos capítulos, oyó que se abría la puerta de la casa... Se oyeron unas cuantas pisadas que cada vez eran más claras, conforme se iban acercando hasta a habitación de al lado. Se detuvieron. Lo siquiente que se escuchó fue el pomo al girar y los chirridos de las bisagras de la puerta al abrirse. De nuevo, las pisadas, varias personas entraron en el cuarto de al lado, cerrando la chirriante puerta tras de sí.

Nora cerró Irse de casa y puso atención a los ruidos que le llegaban desde el cuarto contiguo. Estaba segura de que volvían a ser María y su desconocida compañía de la noche anterior...Los muelles del zarrapastroso somier del camastro de María se escucharon dos veces, lo que le hizo pensar a Nora que había dos personas.

De nuevo se hizo el silencio y Nora retomó Irse de casa, un tanto decepcionada, pero tan enganchada a la lectura que no se dio cuenta de cúando empezó todo a vibrar. Se había metido tanto en la lectura que no sabría decir cúanto tiempo había transcurrido desde que se había impuesto el silencio hasta que se percató de aquel estruendo, pero lo cierto era que ahí estaba...
Sonaban los muelles del viejo somier, lo hacían a un ritmo tal que parecía que estuviera premeditado. El movimiento que recibían los muelles del cochambroso somier era el mismo que hacía que todo el camastro se moviera de tal manera que la cabecera de madera de la cama golpeara contra la pared, añadiendo un nuevo sonido rítmico a aquel espectáculo. Cada golpe que la cabecera de la cama daba contra la pared hacía que se balancearan los cuadros y el crucifijo que colgaban de la misma. Y a cada balanceo que éstos daban de izquierda a derecha, se rozaban contra el gotelé, generando un nuevo registro sonoro.
El movimiento que le llegaba a la pared contra la que se apoyaba la cabecera de la cama, por invisibles normas físicas se pasaba al techo del que colgaba la lámpara de múltiples brazos que no dejaba de balancearse amenazando con caerse, mientras añadía un nuevo ruido a todos los demás.
En la base de todos aquellos objetos sonoros estaba el envejecido suelo de madera sobre el que se apoyaban las cuatro patas del camastro vibrante. Todas y cada una de las tablas de madera que componían aquella superficie crujían incesantemente.


Nora, que había cerrado otra vez Irse de casa, se había quedado atónita ante semejante concierto. Lo escuchaba boquiabierta desde su cuarto, percatándose, además, de que las vibraciones de la habitación de al lado se pasaban a la suya, haciendo que los cristalitos de la lámpara que colgaba de su techo chocaran entre sí ligeramente generando un tintineo. Y aquel tintineo se le metió a Nora hasta el fondo de su mente y como si de un interruptor se tratara, se le encendió algo por dentro que le hizo saber de repente que se había hecho mayor. Que daba igual quién fuera la compañía la María, que de ahí en adelante otras Marías y compañías se sucederían en su vida. Que era parte de haberse ido de casa.

domingo, 28 de diciembre de 2008

LA PRIMERA IV

Riiiiiiiiiiiiiiiiinnnnnnnnnnnng!
El despertador sonó como siempre a las ocho de la mañana.
Y hasta las viejas ventanas vibraron.
Y Nora no tuvo más remedio que despertarse, pegarle un manotazo y levantarse perezosa, somnolienta después de otra noche más sin poder conciliar bien el sueño.

Fue a la cocina. Sacó el café y el molinillo del armario. Echó granos de café en el molinillo hasta que se llenó y los molió. El olor del café molido le fue entrando por las fosas nasales.

-Al menos el sentido del olfato lo tengo ya despierto-pensó Nora para sus adentros.

Llenó la cafetera italiana de agua hasta arriba y le puso el depósito con el café recién molido rebosante. Cogió la parte de arriba de la cafetera y la encajó en la de abajo, girándola con todas las fuerzas que era capaz de tener a esas horas. Encendió el fogón con una cerilla y puso la cafetera a calentar.
Mientras el agua, el café y el calor hacían su magia diaria, Nora se sentó en una de las sillas que rodeaban la mesa de la cocina. Se quedó sentada con la espalda apoyada contra los azulejos de la pared y mirando al techo sin ver nada.
De repente se acordó de los ruidos que había oído durante la noche en la habitación de al lado. Se levantó de la silla y asomó la cabeza desde el marco de la puerta de la cocina para ver si el cuarto de María estaba cerrado o abierto. Estaba abierto, con la puerta entornada lo suficiente como para dejar pasar al pasillo la luz natural que se filtraba desde la ventana que tendría las persianas subidas.
Dió Nora unos cuantos pasos sigilosos por el pasillo hasta llegar a la altura del cuarto de María y pudo ver su vieja cama de matrimonio deshecha, le dió un leve golpecito a la puerta para poder abarcar más con la vista y terminó de corroborar lo que ya suponía: María y su desconocida compañía ya se habían levantado.

-María?- dijo en alto Nora-.

Al ver que nadie en toda la casa respondía, ni desde los otros cuartos abiertos, ni desde el salón, ni el baño, dedujo que estaba sola en toda la casa. No había nadie más que ella. Toda la gente estaba fuera, inluidas María y su desconocida compañía.

-Quién sería la persona que se quedó ayer a domir con María?-se preguntaba Nora cada vez con más curiosidad.

Oyó la cafetera que desde la cocina le recordaba que el milagro del café, el agua y el calor ya estaba listo y corrió por el pasillo para apagar el fuego y sentarse a desayunar tostadas con preguntas.....

sábado, 27 de diciembre de 2008

LA PRIMERA III

No había oído la puerta de la calle, ni tan si quiera las pisadas, ni el pomo de la puerta del cuarto al girarse, pero en aquella casa y, sobre todo, en aquella habitación era todo tan viejo que por mucho silencio que se buscase, el ruído de los goznes de la puerta y el empujoncito que había que darle para que terminara de encajar en el marco delataban a cualquiera. Por eso, no fue de extrañar que, estando despierta, Nora oyera desde su cuarto aquel chirrido y el golpe en el dormitorio de al lado.
Miró al reloj y vió que eran las dos de la madrugada, como de costumbre en aquella época, el sueño no le había llegado a pesar del cansancio. Así que, no pudo evitar prestar atención a los demás ruidos que se fueron sucediendo.
Agudizando bien el oído, descubrió que en la habitación de al lado había más de una persona: María, la chica que lo ocupaba y alquien más. La voz nerviosa de María la reconoció a pesar de que hablara en susurros, la otra voz, más que oírla, la supsuo, puesto que no concebía a María hablando sola (no había telefóno inalámbrico en la casa y los tiempos del móvil eran aún incipientes..).
Con quién estaría María? Con alguna amiga a la que se le hubiera hecho tarde la hora de llegar a su lejana casa?
Siguió Nora prestando atención, pero lo único que oyó fue el ruido de los muelles del viejo somier de la cama de María. Los oyó dos veces, una por cada persona. Y el silencio volvió. María y su desconocida compañía se quedaron dormidas al momento.
Nora se quedó pensativa, tenía curiosidad por saber quién era aquella nueva persona y acunada por aquel interrogante se quedó por fín dormida aquella noche...

viernes, 26 de diciembre de 2008

LA PRIMERA II

Si no era la primera noche fuera de casa, era la segunda, la tercera o, tal vez, ya llevaba un par de semanas fuera de casa, la verdad es que aquello era lo de menos. Lo cierto era que sin desearlo realmente, Nora había tomado decisiones que le habían llevado a cambiar de vida, sin haberlo si quiera soñado, se había ido de casa sin fecha clara de vuelta.

Si hubiese sido por una décima de segundo siquiera consciente de lo que se le avecinaba, tal vez, hubiese ganado la pequeña ventaja que te da el poder mentalizarte de las cosas.

Pero no fue así y pronto se le vino todo encima..

Pronto llegaron las noches insomnes..

Pronto llegaron las noches angustiosas..

Las noches lacrimosas..

Las noches en las que el sentimiento de soledad lo invadían todo..

Las noches en las que soñaba con la idea de que alguien apareciera por su cuarto para desearle buenas noches..

Una noche algo cambió. Fue una noche en la que también llegaron al silencio de sus noches unos ruidos que venían de la habitación de al lado. Eran los ruidos de la chica que ocupaba el cuarto de al lado, el de la cama de matrimonio, de lámpara de bombillas-velas, el que tenía los muebles más viejos, el más marrón de todos…

Aquella chica era de unos 26 años, de estatura media, morena y de pelo muy muy rizado. Lo llevaba siempre cortado por debajo de las orejas y suelto, esa mata negra y voluminosa no llegaba a tapar ningún rasgo de su cara. Una cara bonita en la que destacaban unos ojos también negros , una mirada intensa y unos labios carnosos. Era una chavala delgada que vestía a la moda, pero muy sencilla

La primera vez que la oías hablar, no le entendías del todo porque hablaba tan rápidamente que se perdían en su boca la mitad de las sílabas. Esto ya era suficiente para saber que se estaba ante una persona muy nerviosa.

Una persona muy nerviosa en un cuarto muy retro, pero no se sabía nada más…

sábado, 13 de diciembre de 2008

LA PRIMERA I

Era una habitación de tamaño mediano, tenía una forma ligeramente rectangular, con las paredes laterales más largas que las otras dos en las que estaban la puerta de entrada y una ventana que daba a la calle, respectivamente।
Viniendo por el largo y estrecho pasillo de la casa abrías la puerta de aquel cuarto y podías abarcarlo con la vista por completo। Si las cortinas de la ventana estaban descorridas y las persianas subidas podías distraerte viendo la bulliciosa calle en la que se encontraba situada aquella vivienda। Pero si lo que te interesaba era mirar para dentro en vez de para fuera, en ese caso, lo que podías ver era un espacio con el suelo de madera y lleno de muebles viejos।
Una vez que dabas un primer paso descubrías que tu vista no te había engañado, comprobabas que la madera era tan vieja que crujía a cada paso que dabas, era tan vieja como los muebles: una cama de matrimonio, una mesita de noche, un enorme armario y un escritorio con su silla।
Según abrías la puerta del cuarto tenías la mesita de noche y la cama a la izquierda con la cabecera apoyada contra la misma pared de la entrada। A los pies de la misma, pegado a la pared de enfrente estaba el escritorio con su silla orientados de tal manera que se aprovechaba por completo la luz natural que entraba inclinada desde la ventana que estaba un poco más hacia la derecha। El enorme y viejo armario de madera con patas y tres cuerpos ocupaba prácticamente una pared entera, la que quedaba a la derecha de la puerta de acceso।
Haciendo un pequeño ejercicio de imaginación, sin todos aquellos viejos muebles aquella habitación perdía su función de dormitorio y lugar de estudio, pero no se perdía en belleza ya que ninguno estaba para decorar, cada uno era de un diseño independiente, arrancados de los que hubiesen sido sus respectivos conjuntos originales[1].
Si te imaginabas, pues, el cuarto sin aquel mobiliario, descubrías que había más belleza en la combinación que quedaba de suelo de madera vieja, paredes cubiertas de viejo papel con dibujos de flores muy barrocas en tonos marrones y techo blanco। Techo que estaba a una altura normal y con una franja de escayola rodeándolo por completo en sus uniones con las partes altas de las paredes। Y colgada en el centro de todo aquel vacío marrón, una vieja lámpara de cobre de múltiples brazos con bombillas que imitaban las llamas de las velas।
Así era la habitación de al lado a la que tarde o temprano alguien llegaría…

[1] Los conjuntos originales, mejor los dejamos para otro rato.