domingo, 28 de diciembre de 2008

LA PRIMERA IV

Riiiiiiiiiiiiiiiiinnnnnnnnnnnng!
El despertador sonó como siempre a las ocho de la mañana.
Y hasta las viejas ventanas vibraron.
Y Nora no tuvo más remedio que despertarse, pegarle un manotazo y levantarse perezosa, somnolienta después de otra noche más sin poder conciliar bien el sueño.

Fue a la cocina. Sacó el café y el molinillo del armario. Echó granos de café en el molinillo hasta que se llenó y los molió. El olor del café molido le fue entrando por las fosas nasales.

-Al menos el sentido del olfato lo tengo ya despierto-pensó Nora para sus adentros.

Llenó la cafetera italiana de agua hasta arriba y le puso el depósito con el café recién molido rebosante. Cogió la parte de arriba de la cafetera y la encajó en la de abajo, girándola con todas las fuerzas que era capaz de tener a esas horas. Encendió el fogón con una cerilla y puso la cafetera a calentar.
Mientras el agua, el café y el calor hacían su magia diaria, Nora se sentó en una de las sillas que rodeaban la mesa de la cocina. Se quedó sentada con la espalda apoyada contra los azulejos de la pared y mirando al techo sin ver nada.
De repente se acordó de los ruidos que había oído durante la noche en la habitación de al lado. Se levantó de la silla y asomó la cabeza desde el marco de la puerta de la cocina para ver si el cuarto de María estaba cerrado o abierto. Estaba abierto, con la puerta entornada lo suficiente como para dejar pasar al pasillo la luz natural que se filtraba desde la ventana que tendría las persianas subidas.
Dió Nora unos cuantos pasos sigilosos por el pasillo hasta llegar a la altura del cuarto de María y pudo ver su vieja cama de matrimonio deshecha, le dió un leve golpecito a la puerta para poder abarcar más con la vista y terminó de corroborar lo que ya suponía: María y su desconocida compañía ya se habían levantado.

-María?- dijo en alto Nora-.

Al ver que nadie en toda la casa respondía, ni desde los otros cuartos abiertos, ni desde el salón, ni el baño, dedujo que estaba sola en toda la casa. No había nadie más que ella. Toda la gente estaba fuera, inluidas María y su desconocida compañía.

-Quién sería la persona que se quedó ayer a domir con María?-se preguntaba Nora cada vez con más curiosidad.

Oyó la cafetera que desde la cocina le recordaba que el milagro del café, el agua y el calor ya estaba listo y corrió por el pasillo para apagar el fuego y sentarse a desayunar tostadas con preguntas.....

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