Si no era la primera noche fuera de casa, era la segunda, la tercera o, tal vez, ya llevaba un par de semanas fuera de casa, la verdad es que aquello era lo de menos. Lo cierto era que sin desearlo realmente, Nora había tomado decisiones que le habían llevado a cambiar de vida, sin haberlo si quiera soñado, se había ido de casa sin fecha clara de vuelta.
Si hubiese sido por una décima de segundo siquiera consciente de lo que se le avecinaba, tal vez, hubiese ganado la pequeña ventaja que te da el poder mentalizarte de las cosas.
Pero no fue así y pronto se le vino todo encima..
Pronto llegaron las noches insomnes..
Pronto llegaron las noches angustiosas..
Las noches lacrimosas..
Las noches en las que el sentimiento de soledad lo invadían todo..
Las noches en las que soñaba con la idea de que alguien apareciera por su cuarto para desearle buenas noches..
Una noche algo cambió. Fue una noche en la que también llegaron al silencio de sus noches unos ruidos que venían de la habitación de al lado. Eran los ruidos de la chica que ocupaba el cuarto de al lado, el de la cama de matrimonio, de lámpara de bombillas-velas, el que tenía los muebles más viejos, el más marrón de todos…
Aquella chica era de unos 26 años, de estatura media, morena y de pelo muy muy rizado. Lo llevaba siempre cortado por debajo de las orejas y suelto, esa mata negra y voluminosa no llegaba a tapar ningún rasgo de su cara. Una cara bonita en la que destacaban unos ojos también negros , una mirada intensa y unos labios carnosos. Era una chavala delgada que vestía a la moda, pero muy sencilla
La primera vez que la oías hablar, no le entendías del todo porque hablaba tan rápidamente que se perdían en su boca la mitad de las sílabas. Esto ya era suficiente para saber que se estaba ante una persona muy nerviosa.
Una persona muy nerviosa en un cuarto muy retro, pero no se sabía nada más…
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